En contacto con las sensaciones

Es en este cuerpo donde habitamos el que nos da la experiencia de vida. Sin este cuerpo no hay experiencia. Estamos e una dimensión de espacio/tiempo, necesaria para que la vida se dé.
Para la mente la concepción del tiempo y espacio puede ser muy diferente.

Y para la consciencia no existe el espacio ni el tiempo.

¿Cómo hacemos para conectar esta trinidad?
En realidad no hay nada que hacer. Ya están perfectamente interconectados. La única acción es darnos cuenta de ello.
Hablamos mucho de la consciencia y de la presencia. Y ninguna de ellas se puede entender si se queda en un concepto. La experiencia es fundamental para la comprensión de aquello que difícilmente tiene una explicación. 
La presencia la sentimos en nuestro cuerpo. Este siempre está presente. Aunque no estemos atentos, está para recordarnos qué es ahora cuando estoy respirando. Es ahora cuando estoy sintiendo el dolor o el placer. Y nos recuerda que es ahora que estamos vivos.

Al igual que el cuerpo siempre está presente. La Consciencia siempre ha estado, está ahora y estará cuando este cuerpo ya no esté. La gracia de la vida es hacernos conscientes de la propia Consciencia a través del cuerpo dónde se expresa.

La gracia de esta vida es este cuerpo que nos permite sentir el amor y la conexión con el próximo.

Bien!. Una vez dicho lo escrito podemos seguir donde estábamos. Y ello no es ningún problema. Es un buen comienzo si me doy cuenta de ello. Tal como estás leyendo este texto, ¿puedes observar por un momento la sensación del cuerpo? Si es necesario deja la lectura.
Sin ningún tipo de juicio. Observa como te sientes.
A partir de aquí podemos ir ampliando la percepción del espacio donde nos encontramos, los sonidos y las emociones que van surgiendo en este transcurrir continuo. Emociones que podremos ver que aunque son mentales tenemos la percepción de ellas a través del cuerpo.
Una preocupación si no es sentida no la podemos percibir. Si no, intentad tener una emoción sin sentirla. Veremos qué es complicado.
Y si queremos sentir una emoción y sentirla en el cuerpo, veremos que tenemos que evocar o imaginar algo que lo suscite.
De esta manera podemos ver cómo están unidos el cuerpo y mente.

Tenemos el sistema autónomo de respuesta que nos protege de los peligros. Este sistema funciona de manera automática cuando el cuerpo se siente amenazado. 
En la mayoría de los casos la situación de emergencia ya pasó, pero nos quedamos con la historia mental que continúa activando estos mecanismos.

En este preciso momento que estamos leyendo este texto, lo más seguro, es que no haya ninguna emergencia de la que tengamos que protegernos. Al igual que sí podemos parar un momento para observar lo que estamos sintiendo, seguramente no nos encontramos en una situación de emergencia para nuestra integridad física. 
Desde esta posición nos podemos dejar sentir. Sentir el cuerpo, la respiración y lo que surge de la mente. Nos podemos apoyar en la respiración como punto de atención para ir ampliando el campo de percepción. No hace falta entender nada que esté sucediendo en este momento. Dedicamos un tiempo a la percepción sin dar fuerza a nada que pueda surgir del metal. Si nos mantenemos, podremos ver el movimiento de las sensaciones buscando un equilibrio. Nos seguimos manteniendo en la observación presente dejando que el flujo de pensamientos y sensaciones se expresen sin retención. Cuando la mente toma mucha fuerza, siempre podemos poner más atención en las sensaciones del cuerpo, en la respiración sin rechazar nada que esté sucediendo, acogiendo todo aquello que surge de la mente.
El mental, cuando no se le da conversación, se aburre y tiende a callarse.

En este campo de indagación, es la práctica lo que hace que se vaya estabilizando este trinomio de mente, cuerpo y consciencia.
La práctica nos puede venir de diferentes filosofías y formas de pensar. Para aquellos que queremos hacer indagación e ir más allá de una relajación, es la autoindagación en la consciencia la que nos lleva a experimentar estados de existencia libres de condicionamientos.

Y con todo ello. Os digo desde donde siento. En este momento en el que la ciencia se está convirtiendo en la religión por excelencia y se está metiendo con la neurociencia en todos los campos de investigación personal, no hay ciencia que pueda darle explicación a nuestra consciencia. Intentar encontrar una explicación en la ciencia de cómo estoy sintiendo es una de las limitaciones a nuestra libertad más grandes en las que nos vamos a encontrar en este nuevo periodo de la humanidad.
No estoy menospreciando la ciencia. Gracias a ella hemos podido evolucionar y solucionar muchos de los problemas que la vida nos presenta.

Nisargadatta. “La sabiduría dice que soy nada. El Amor dice que soy todo. Entre los dos, mi vida fluye.”

Transitando de un año a otro

FIN DE AÑO EN CASA
¿BAILAMOS?

Inner Movement

Movimiento libre desde la quietud dinámica.
Nos movemos sintiendo el cuerpo, las emociones, dejando que pasen a través nuestro. Dejando que las transiciones se realicen de forma natural. Sin resistencias. Aprovechando los ritmos para rendirnos al cambio constante en el que la vida se desenvuelve.
Darnos cuenta desde donde estamos transitando para abrirnos a nuevas posibilidades. Ya que la vida es cambio, experimentémosla

De 23,15 h del 31 de diciembre 2020, a 00,45 h del 1 de enero 2021
¿Transitamos el año bailando?

VÍA ZOOM

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En quietud dinámica

Si observamos atentamente, vemos que toda acción, todo pensamiento surge de la quietud. Y si seguimos observando, podemos ver que todo aquello que ha surgido de la quietud, vuelve a la quietud.

La vida no deja de ser el tránsito entre un silencio y otro. Pero en este tránsito el silencio o la quietud no se ausenta. Se expresa de forma dinámica en cada una de nuestras acciones.

Tenemos una concepción del silencio como ausencia de sonido y la quietud como ausencia de movimiento.

Para aunar conceptos, voy a llamar quietud al silencio y viceversa. Para mí es lo mismo.

Volviendo al principio. Se necesita un silencio para que pueda surgir un sonido. La base de todo es el silencio que siempre está presente. No hay nada que se tenga que ir a buscar o descubrir. Ya está aquí, en este preciso instante. Es por ello que para darnos cuenta del silencio, parar es muy eficaz. ¿Podéis ver la relación directa entre silencio y quietud?

El silencio es natural en nuestra existencia como seres y como humanos. Le hemos dado un sentido intelectual e incluso dogmático. Hemos creado miles de formas para contactar con él. Y aunque lo buscamos, al mismo tiempo nos causa respeto. Nuestra mente quiere estar segura de que va a perdurar que va a continuar funcionando. La mente está directamente relacionada con el cuerpo. Y el cuerpo, siempre en estado presente, quiere seguir viviendo. El cuerpo tiene un instinto propio de supervivencia. La mente forma parte de esta supervivencia. Si se corta el suministro de interacción con el mental se entra en un espacio desconocido y ello crea una sensación de inseguridad no muy cómoda para el conjunto cuerpo/mente.

Como ya he comentado en otras ocasiones la mente no es nuestra enemiga, no es nada con lo que tengamos que luchar. Al contrario. La podemos acoger y escuchar. La mente nos es muy útil en este mundo funcional en el que construimos y creamos estructuras. Es una gran aliada. Solo que a veces se asusta y busca respuestas entrando en bucles que se entrelazan unos con otros. Es como el niño que tiene una imaginación tan potente que se deja llevar por ella y pierde la referencia de dónde está y qué está haciendo y si por ellos no sabe volver, necesita un toque de atención que le dé una referencia.

Este espacio desconocido es un espacio de quietud, de silencio y que para muchos puede ser incómodo al no haber nada a que cogernos. Desde el mental vamos a buscar conceptos que convertimos en objetos para podernos agarrar.

Y justamente, podemos usar este mecanismo para ayudarnos entrar en este “espacio” de forma más cómoda.
Este plano en el que vivimos lo experimentamos a través del cuerpo/mente. Podemos usar las sensaciones corporales como anclaje para la mente. Y ello le será coherente. Aquello que surge de la mente, también se representa de una u otra forma en el cuerpo. El cuerpo no discrimina nada. La mente tiende a distinguir entre una u otra sensación.

Vamos a ver cómo explicó sencillamente este “concepto”

El cuerpo y la mente no son los que se dan cuenta de lo que sucede.
El que se da cuenta “Soy Yo”.
“Yo” está siempre presente.
“Yo” está siempre presente mientras haya un cuerpo/mente.
Es un “yo” no identificado.
No necesita de ningún concepto ni concreción explicativa para Ser.
No está sujeto a emociones ni formas de pensamiento.
Digamos que es el centro del centro.
Mientras existimos en este cuerpo/mente habrá un “YO”.
Más allá del “YO” no hay nada y al mismo tiempo es el espacio de donde surge todo.

Como organismo Cuerpo/mente, no hay nada que suceda fuera de él.
Todo es experimentado en nuestro interior por muy real que sea el exterior.
Todo es percibido por los sentidos. Y la mente lo interpreta en función del mapa interno en el que se mueve.
Hasta aquí todo sucede de forma natural y en interacción con otros organismos y el movimiento global de esto que llamamos universo.

Quién se da cuenta de todo este movimiento es este “YO” no identificado al que podemos llamar Consciencia primordial.

En el momento que me doy cuenta, muchos de los patrones inconscientes que se han establecido como bucles y nos impiden avanzar en nuestro proceso de vida, se disuelven. Sin hacer nada más.

Y dicho lo escrito. Todo esto es totalmente conceptual. Lo podemos entender. Solo se puede experimentar cuando soltamos todo concepto. Y para ello entramos en el silencio sentido sin alimentar la construcción que va surgiendo del mental.
La mente va a seguir construyendo. No hay nada que hacer más que acoger todo lo que surge y dejar que se disuelva en su propia naturaleza que es el silencio.

Las emociones también son construcciones mentales con un impulso sensorial muy amplio. Cuanta más fuerza se le da al diálogo mental más fuerte es la sensación emocional. Cuanta más fuerza se le da a la forma y a la identificación a ella, más fuerte es la emoción. La emoción no es ni buena ni mala ni nada que se le parezca. Es el vínculo natural que nos conecta como individuos con nuestro entorno. (Este párrafo es aclaratorio. Ya lo desarrollaré en otro artículo).

Todo esto para explicar algo que no se puede explicar. El silencio y la quietud. Solo se puede experimentar. Y para ello no es necesario tener conocimiento espiritual alguno ni filosófico. Forma parte de nosotros. Está en nosotros. Simplemente parar y no hacer nada más que contemplar y acoger todo aquello que surja sin buscar una interpretación, sin buscar solución alguna ni voluntad de conseguir nada.
Y para ello usamos este cuerpo/mente que el universo, la nada, el creador o Dios, como queramos decirlo, nos ha dado.

Por unos instantes nos damos cuenta para luego seguir con nuestros quehaceres diarios. Cada vez que me doy cuenta, empiezo mi actividad en otra posición mental. Por lo que voy a tener otra experiencia de vida más allá de las inercias que nos arrastran.

Taller de auto-sanación, 19 de diciembre

Sábado 19 de diciembre
De 10,00 a las 13,30
Vía Zoom
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Taller gratuito.
Se requiere inscripción previa en el siguiente enlace:

  • NOTA DE CONEXIÓN: Recordad que para acceder al taller, primero hay que inscribirse. Recibiréis un correo de confirmación. Y para entrar, el día y hora, en el correo hay una línea donde pone:
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  • Si no has entrado nunca a Zoom con el dispositivo que vas a usar para la reunión, te va a pedir que instales un pequeño programa que te pedirá permiso de uso de cámara y micro. Ponemos a todo que SI.
  • Si hace tiempo que no usas Zoom te pedirá una actualización.
  • Estaré conectado desde las 9,45 por si hay algún problema con la conexión.

No hay sanador, solo personas que se sanan.

Para aquellos que ya habéis hecho cursos conmigo, es continuar compartiendo.
Y para quien no habéis hecho cursos conmigo, es compartir.

La sanación está exenta de voluntad. Sucede por sí misma.

Tenemos necesidad de sanar cuando nos separamos de nuestra línea media. Cuando lo que sentimos y hacemos no está en sincronía. Cuando estamos volcados hacia el exterior sin tener en cuenta lo que sentimos en lo más profundo de nosotros mismos. Cuando vivimos desde el temor de fuera sin sentir la fuerza interna que tenemos como seres completos.

En este pequeño taller vamos a recordar la base de la sanación. Principalmente vamos a compartir y mirar de responder las preguntas que puedan surgir.

Entrar en contacto con la quietud. Para ello, lo haremos con esta herramienta tan maravillosa que tenemos. Nuestro Cuerpo/Mente.

En la vida siempre hay sombra a las que abrazar y acoger.

La quietud es el punto de calma en el que no hay construcción alguna y la expresión del Ser se muestra sanando aquello que en cada momento se requiera en nuestro proceso de vida.

Este taller matinal es una presentación de una serie de talleres que se harán presenciales tal cual se pueda.
Mientras estaremos en contacto por la red.

El “MÍ” al que estamos tan enganchados es una ilusión. Y mientras alimentamos este “MÍ”, vamos a sentir que no estamos en coherencia y siempre habrá la necesidad de ser sanado. Cuando somos plenamente conscientes de lo ilusorio de este “MÍ”, no hay nada que sanar.

Sobre el juicio

Una de las aspiraciones más grandes para muchos es poder estar libre de juicio

El juicio es la facultad que tenemos como seres humanos para distinguir el bien del mal. El hecho de estar vivos, genera una dualidad en nuestra forma de sentir. En la naturaleza podemos encontrar esta dualidad en todas las formas de expresión. En el universo donde vivimos, todo sucede por si solo sin necesidad de una clasificación.
El juicio no deja de ser una expresión creada por nuestra mente al clasificar las formas en una u otra. Y a partir de esta forma dual hemos creado toda una civilización con unas características singulares en función del entorno en el que nos encontramos.


Hasta aquí el juicio nos permite distinguir entre una y otra forma y por ello nos da la posibilidad de crear diferentes combinaciones. Es como en informática que se generan todas las posibilidades a partir de “0” y “1”. Por ejemplo, lo que nos llega a los ojos en una imagen digital en una pantalla con todos sus cromatismos, no es más que una combinación de ceros y unos.
En la funcionalidad del día a día, estas distinciones nos son muy útiles, pues nos permite movernos por la estructura que nosotros mismos hemos creado.

Esto no funciona de la misma manera cuando hablamos de la persona, del sujeto. Al indagar en lo que somos, más allá de las formas, vemos que no somos ni una cosa ni otra.


La dualidad y el juicio, forman parte de aquello que es creado. Lo que somos no está sujeto a cambios.

Experimentamos con este cuerpo que sí está sujeto a cambios. Nace, crece y muere. Quién se da cuenta de todo este proceso no cambia. Está siempre presente. Y es cuando nos enfocamos en lo que Somos, que el mundo se hace coherente.

Cuando dejamos de alimentar aquello que surge de la construcción mental, nos damos cuenta de quién somos.

Entender el juicio es un punto clave en la auto-indagación para no estar luchando con el mundo ilusorio que surge de nuestra mente.

Cuando de nosotros aparece una forma, en relación con lo que estamos viviendo, siempre hay un examen natural. Nos en favorable o adverso. Y es muy útil para movernos en el espacio/tiempo.
En nuestro fuero interno este espacio/tiempo no sucede de la misma forma y las construcciones no son tan lineales como parece. Nos movemos con mucha información y si le damos fuerza esta se hace más y más grande. No hay diferencia entre un pensamiento u otro, bueno o malo, arriba o abajo. Simplemente crece la forma en la que nos fijamos.

Nos relacionamos con nuestro alrededor y con lo que surge en nuestra mente que siente lo que sucede en este espacio. Mantenernos en quietud nos permite no ser arrastrados por las formas.

Esta quietud no es inmóvil. Es dinámica como la misma vida. Esta quietud la podemos saborear cuando dejamos el “juicio elaborado” y nos abrimos a las posibilidades.

Podemos estar tranquilos, pues mientras no despertemos del todo, siempre tenemos un mecanismo de seguridad que se llama “ética”.

Cuando estamos en nuestro centro del centro, cuando nos damos cuenta de quién somos, vemos que no hay una diferencia entre unos y otros y es por ello que las acciones no se dirigen a dañar a nadie ni a uno mismo. Dejamos el juicio y las etiquetas.

El juicio no es un obstáculo, sí que lo es la elaboración y la fijación de aquello que surge del mental.

Podemos practicar colocándonos en una posición cómoda para nosotros y observamos lo que surge de la mente. No hacemos nada con ello. Por muy placentero o doloroso que pueda ser. No hay nada que hacer. Simplemente dejamos que haga su curso. En esta práctica no estamos intentando solucionar nada, no ponemos voluntad alguna. Dejamos que aquello que sea, haga su curso. Dejamos que aquello que está surgiendo pase a través nuestro.

Al igual que surge se disuelve.

Es muy fácil crear una historia rápida después de un juicio (me gusta o no me gusta). Queremos poner en un entorno aquello que sentimos. Cuando pensamos en otras personas, no sabemos las circunstancias que les lleva a actuar de una forma u otra. Es difícil saberlo de nosotros mismos, imaginad de los otros.
Somos ignorantes del origen real que nos lleva a la acción.
Por un momento, pensemos en ello.
Y volved a intentar generar un “juicio”.

¿Qué sucede?

En la práctica de auto-indagación, sí sentimos una separación en relación con los otros, en relación con el mundo. Es que estamos en un auto-centramiento egoico. Y ello quiere decir que hay identificación con la creación ilusoria de la mente.

Responsabilidad

¿Qué entendemos con la palabra responsabilidad?
Para mí es una de las acciones que más me ha liberado. Entender su sentido real.
Al responsabilizarnos de aquello que sentimos, se abre un espacio de posibilidades. Pensemos por un momento.

No hay nada que suceda fuera de nosotros.


Sí, nos encontramos en un lugar y en un tiempo. La experiencia no esta sucediendo fuera. Lo sentimos en nosotros. Si nos alegramos por alguna situación que sucede en el mundo, es uno mismo que tiene la experiencia de alegría. Al igual, si nos enfadamos por la acción o la palabra de otra persona, ¿quién se está enfadando?


Responsabilizarse no quiere decir, cargar con las historias de otros o culparse de algo realizado. Es entrar en la presencia de lo que estoy sintiendo sin importar la causa. Tomar consciencia de la emoción que surge de mi en relación con lo que está sucediendo a mi alrededor y sucede en mi.

Tuve la plena comprensión en relación con la responsabilidad cuando contaba con, mas o menos, 24 años. Enfadado con el mundo, culpándolo de lo que me sucedía, me di cuenta de que no tenía ningún poder. Lo único que surgía de ese patrón de pensamiento era enfado, impotencia y confusión. De eso me di perfecta cuenta.

Al darme cuenta, supe que el único responsable de lo que estaba sintiendo era yo mismo. En ese momento sentí una liberación instantánea. Pues podía tomar partido intimo para cambiar esas sensaciones. Es más no tenia que hacer nada. Las sensaciones y emociones se diluían por si solas y en situaciones en las que tenia que hacer una actuación, tenia más claridad.


A día de hoy (54 años) sigo teniendo mis miedos y mis dudas, mis emociones y mis decepciones. Y doy gracias que puedo darme cuenta de que soy yo quien tiene la responsabilidad con todo ese sentir. Y ello me sigue dando una sensación de libertad inmensa.

Me relaciono con el mundo. El mundo sucede en mi interior.

Como seres vivos y humanos, interrelacionamos con todo nuestro entorno, visible y no visible. Estamos conectados con todos los cambios que suceden alrededor nuestro e incluso lo que pueda suceder al otro lado del universo. No estamos separados. No tenemos control sobre el mundo externo.

Es mucho más fácil y practico hacer cambios en la percepción de nuestro mundo interno con el que sentemos el externo.

Al mismo tiempo al cambiar nuestra percepción interna estamos accionando en el mundo fenoménico, el mundo objetivo.


El mundo externo o también lo podemos llamar mundo funcional, se rige por unos patrones y unas formas que como sociedad y en relación con las leyes del universo, se han determinado como “reales”.
Lo que somos más allá de esta funcionalidad es la realidad con la que nos relacionamos con nosotros mismos y con el mundo. Y esta realidad no se rige por las mismas leyes funcionales del objeto. El sujeto ni tan solo necesita de la palabra para Ser, ni necesita una identificación con objeto alguno para continuar Siendo. Y vuelvo a repetir. Nada sucede fuera de nosotros.
A través de los sentidos y la mente, vamos conformando un mundo y lo convertimos en objetivo. Este proceso es totalmente natural y está relacionado con la existencia en este cuerpo mente.

Y en todo ello no hay problema alguno. Es perfecto.


Lo convertimos en un obstáculo en un condicionamiento, cuando nos identificamos con el objeto como algo real y le damos atributos externos.
Cuando me doy cuenta de que aquello que siento, experimento le estoy dando atributos y ello sucede en mi interior, es en ese momento en el que me hago responsable de lo que estoy sintiendo y soy libre para llevarlo a otro campo.
Como he dicho el sujeto no se rige por las mismas leyes funcionales del mundo.

Es cuando llevamos lo que sentimos y pensamos al silencio que la sabiduría profunda del Ser se expresa y sana.

ATENCIÓN

En la indagación del Ser, algo imprescindible es la atención. Sin ella no nos podemos dar cuenta de lo que somos más allá del personaje creado por nuestra mente, por el maravilloso hecho de la existencia.

Entrar en un proceso de autoindagación, es necesario querer hacerlo. Llegamos a este punto desde diferentes lugares. Bien por situaciones de vida complejas que nos llevan a la búsqueda de un poco de calma. Bien por un anhelo interno de volver a nuestro centro del centro, a casa. Bien por otras circunstancia personales. En todos los casos, lo que en realidad buscamos es estar en paz, sentir coherencia en nuestra vida.

Cuando observo esta maravillosa existencia humana, no dejo de maravillarme de todo lo que la mente puede crear. Ya sea para bien o para mal. Lo que realmente me maravilla, es la capacidad creadora, la capacidad de imaginar y plasmar. A parte de sobrevivir en su función más básica, el cuerpo humano necesita muy pocas cosas. En cambio hemos imaginado y hemos creado civilizaciones y todo un sistema de engranaje más allá de nuestras necesidades. Simplemente por haberlo imaginado.
No podemos negar nuestra capacidad de creación.

Como individuos, no hay separación con toda esta creación y con todo aquello que nos rodea. No estamos separados de las acciones que cada uno realiza y se plasma en el conjunto de todo este universo.
No tenemos consciencia de todo ello y si la tuviéramos, es probable que nos volviéramos locos.
Si que tenemos la percepción de aquello que sucede en cada uno de nosotros. A través de este cuerpo. Los sentidos nos proporcionan información de la existencia en un entorno en el que nacemos, crecemos y morimos.

Y más allá de todos los sentidos, está la consciencia del que observa, el “yo soy” que puede darse cuenta de la creación que generamos en nuestra mente para poder sobrevivir en este entorno.

La mente humana tiene una gran capacidad de crear escenarios para dar respuesta a las situaciones de vida en las que nos encontramos. Y estas creaciones son tan precisas que las vivimos como reales. Cuando en realidad es una construcción que no podemos mantener. Está cambiando a cada instante en función de las circunstancias y nuestras necesidades creadas por nuestra propia mente, entrando en bucles y espirales que nos arrastran en una reactividad constante. Esta inercia no para hasta que no nos encontramos con una situación inesperada con más fuerza o por que decidimos parar y no seguir este mecanismo.
De todas formas la vida es muy inteligente. Nos hace tener sueño y nos obliga dormir para que paremos la inercia que llevamos en tiempo de vigilia.

No vamos a negar todo este mecanismo de vida, este universo en el que estamos, vivimos y nos movemos. Y aunque todo este mundo tiene mucha fuerza y es inmenso, todo ello sucede en nuestro interior. No hay nada que suceda fuera de nosotros. No hay nada que suceda fuera de nuestro cuerpo sintiente.

Como seres humanos tenemos un cuerpo. Sin este cuerpo no hay presencia ni necesidad de ella. En el momento en que nacemos, a partir de los sentidos empezamos a identificarnos con el cuerpo y el entorno a este. La vida se encarga de mantener la vida y procura que este cuerpo pueda tener los recursos para sobrevivir. Si no es así. Morimos.
A partir de este nacimiento, ya dentro del vientre de la madre, empezamos a sentir. Y este sentir, repito, está dentro del cuerpo. En su capacidad de percibir. A partir de esta identificación con este cuerpo se genera la sensación de existencia. “Yo soy”. Sin cuerpo no hay “YO”. Y a partir de aquí empezamos a construir nuestro mundo interno que se relaciona con todo el resto de mundos internos. Esta creación mental es tan fuerte que se genera una identificación. Y como individuos vamos a crear un personaje para interpretar en este escenario tan meticulosamente creado.
Esta identificación con el personaje es tan fuerte que, a veces, es necesario un largo camino de desidentificación para liberarnos.

La identificación, en muchos casos se convierte en una prisión para la persona. Muchos condicionamientos creados por un miedo a algo externo. Cuando nada sucede fuera de nosotros.

Esta creación la llevamos a un marco externo a nosotros y nos dificulta ver que no somos lo que estamos proyectando. Que en nuestro profundo Ser, nada de lo creado es necesario para poder Ser y vivir en libertad.
Tenemos miedo de nuestras proyecciones y creamos patrones y condicionamientos a través de este miedo. Y ello nos limita en el sentir de lo que somos realmente sin condicionamientos. Seres amorosos y libres que procuramos de forma natural los unos por los otros.

Es por ello que para darnos cuenta del uso que hacemos de nuestra capacidad creadora, es desde la miedo a nosotros mismos, tenemos que parar y observar. Poner atención a lo que surge de nosotros mismos y no hacer nada. Dejando que se diluya toda identificación para poder actuar desde un espacio coherente con lo que realmente somos.
Esta es la vía de autoindagación.

21 meditacions per aquest dies

21 dies
En realitat no és que sigui gaire important posar un número. Simplement és per donar un termini, un format.
El que sí que importa és seure un moment i deixar que la ment es calmi per si mateixa. Perquè puguem veure el que ja som més enllà del pensament i les formes que sorgeixen de la nostra ment. Més enllà de la identificació amb el personatge que projectem.

Ens podem preguntar quin servei té el fet de seure un moment. Quan podem entrar en contacte amb qui som, amb el nostre “centre del centre”, estem amb més coherència amb els nostres actes i pensaments. La comprensió del funcionament de la nostra ment i les nostres emocions, ens dóna calma i saviesa en aquest moment d’existència quan podem portar aquesta comprensió a l’experiència d’aquest instant.

Les sessions que veureu en aquesta llista s’han fet en directe via Zoom. Per tant hi provareu silencis, sorolls i situacions d’un directe un pèl informal.
Desitjo que us sigui útil.

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