En la indagación del Ser, algo imprescindible es la atención. Sin ella no nos podemos dar cuenta de lo que somos más allá del personaje creado por nuestra mente, por el maravilloso hecho de la existencia.

Entrar en un proceso de autoindagación, es necesario querer hacerlo. Llegamos a este punto desde diferentes lugares. Bien por situaciones de vida complejas que nos llevan a la búsqueda de un poco de calma. Bien por un anhelo interno de volver a nuestro centro del centro, a casa. Bien por otras circunstancia personales. En todos los casos, lo que en realidad buscamos es estar en paz, sentir coherencia en nuestra vida.

Cuando observo esta maravillosa existencia humana, no dejo de maravillarme de todo lo que la mente puede crear. Ya sea para bien o para mal. Lo que realmente me maravilla, es la capacidad creadora, la capacidad de imaginar y plasmar. A parte de sobrevivir en su función más básica, el cuerpo humano necesita muy pocas cosas. En cambio hemos imaginado y hemos creado civilizaciones y todo un sistema de engranaje más allá de nuestras necesidades. Simplemente por haberlo imaginado.
No podemos negar nuestra capacidad de creación.

Como individuos, no hay separación con toda esta creación y con todo aquello que nos rodea. No estamos separados de las acciones que cada uno realiza y se plasma en el conjunto de todo este universo.
No tenemos consciencia de todo ello y si la tuviéramos, es probable que nos volviéramos locos.
Si que tenemos la percepción de aquello que sucede en cada uno de nosotros. A través de este cuerpo. Los sentidos nos proporcionan información de la existencia en un entorno en el que nacemos, crecemos y morimos.
Y más allá de todos los sentidos, está la consciencia del que observa, el “yo soy” que puede darse cuenta de la creación que generamos en nuestra mente para poder sobrevivir en este entorno.

La mente humana tiene una gran capacidad de crear escenarios para dar respuesta a las situaciones de vida en las que nos encontramos. Y estas creaciones son tan precisas que las vivimos como reales. Cuando en realidad es una construcción que no podemos mantener. Está cambiando a cada instante en función de las circunstancias y nuestras necesidades creadas por nuestra propia mente, entrando en bucles y espirales que nos arrastran en una reactividad constante. Esta inercia no para hasta que no nos encontramos con una situación inesperada con más fuerza o por que decidimos parar y no seguir este mecanismo.
De todas formas la vida es muy inteligente. Nos hace tener sueño y nos obliga dormir para que paremos la inercia que llevamos en tiempo de vigilia.

No vamos a negar todo este mecanismo de vida, este universo en el que estamos, vivimos y nos movemos. Y aunque todo este mundo tiene mucha fuerza y es inmenso, todo ello sucede en nuestro interior. No hay nada que suceda fuera de nosotros. No hay nada que suceda fuera de nuestro cuerpo sintiente.

Como seres humanos tenemos un cuerpo. Sin este cuerpo no hay presencia ni necesidad de ella. En el momento en que nacemos, a partir de los sentidos empezamos a identificarnos con el cuerpo y el entorno a este. La vida se encarga de mantener la vida y procura que este cuerpo pueda tener los recursos para sobrevivir. Si no es así. Morimos.
A partir de este nacimiento, ya dentro del vientre de la madre, empezamos a sentir. Y este sentir, repito, está dentro del cuerpo. En su capacidad de percibir. A partir de esta identificación con este cuerpo se genera la sensación de existencia. “Yo soy”. Sin cuerpo no hay “YO”. Y a partir de aquí empezamos a construir nuestro mundo interno que se relaciona con todo el resto de mundos internos. Esta creación mental es tan fuerte que se genera una identificación. Y como individuos vamos a crear un personaje para interpretar en este escenario tan meticulosamente creado.
Esta identificación con el personaje es tan fuerte que, a veces, es necesario un largo camino de desidentificación para liberarnos.
Esta identificación, en muchos casos se convierte en una prisión para la persona. Muchos condicionamientos creados por un miedo a algo externo. Cuando nada sucede fuera de nosotros.
Esta creación la llevamos a un marco externo a nosotros y nos dificulta ver que no somos lo que estamos proyectando. Que en nuestro profundo Ser, nada de lo creado es necesario para poder Ser y vivir en libertad.
Tenemos miedo de nuestras proyecciones y creamos patrones y condicionamientos a través de este miedo. Y ello nos limita en el sentir de lo que somos realmente sin condicionamientos. Seres amorosos y libres que procuramos de forma natural los unos por los otros.

Es por ello que para darnos cuenta del uso que hacemos de nuestra capacidad creadora, es desde la miedo a nosotros mismos, tenemos que parar y observar. Poner atención a lo que surge de nosotros mismos y no hacer nada. Dejando que se diluya toda identificación para poder actuar desde un espacio coherente con lo que realmente somos.
Esta es la vía de autoindagación.

1 Comment

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s