Aprende a diferenciar el sentir de la emoción del relato mental que crea los picos de tensión en el cuerpo
¿Te ha pasado?
¿Te ha pasado que una emoción te dura horas o incluso días porque no paras de darle vueltas en la cabeza? Algo te enfadó, alguien te hirió, y no puedes soltarlo. Le das vueltas, imaginas lo que podrías haber dicho, piensas en lo que harás la próxima vez. Eso que te atrapa no es la emoción. Es la historia mental.
En biodinámica craneosacral vemos esto cada día en la camilla: personas atrapadas en narrativas que se repiten, mientras la tensión se instala en el cuerpo y no encuentra salida. Y la clave para liberarla no está en analizar más la historia, sino en aprender a sentir de otra manera.
Todos percibimos el mundo de manera diferente
Cada uno de nosotros vive en un mundo ligeramente distinto. No es una metáfora, es una realidad fisiológica. Nuestra percepción está moldeada por innumerables factores: nuestra vista, nuestro oído, nuestras experiencias pasadas, nuestro estado de salud, nuestro estado emocional del momento.
«Hay infinidad de cosas que cambian nuestra percepción. A todo eso tenemos que ir viéndolo. No deja de ser ilusorio. Porque, aunque los órganos de percepción son reales, la percepción interna no es real, real. La que tú tienes, con todas esas características, no es real en cuanto a que otra persona no lo puede ver, no es cierto. Es subjetivo, sobre ti.»
Este punto de partida es fundamental. Si no entendemos que nuestra percepción es subjetiva y condicionada, corremos el riesgo de tomar nuestras interpretaciones como verdades absolutas. Y eso, en el terreno de las emociones y las relaciones, puede generar mucha confusión y sufrimiento.
El problema: hemos perdido la conexión con lo sensorial
En nuestra cultura, estamos muy entrenados para pensar, para analizar, para narrar. Pero estamos poco entrenados para sentir, para percibir, para estar en contacto con nuestras sensaciones más sutiles.
«Nos estamos quedando tanto en lo emocional que hemos perdido la conexión con lo sensorial. Y cuando perdemos la conexión con lo sensorial, perdemos la conexión con el darme cuenta.»
Este es el núcleo del problema. Cuando perdemos la capacidad de sentir, nos quedamos atrapados en la mente, en los pensamientos, en las historias que nos contamos. Y ahí es donde empieza el verdadero enredo.
La distinción clave: emoción sentida vs. historia mental
Aquí llegamos al concepto más importante de este artículo. Existe una diferencia fundamental entre sentir una emoción y engancharse al relato de esa emoción.
«La emoción es la emoción sentida. La emoción es la historia. Cuando empiezas a dar la historia a esa emoción, es una historia emocional. Pero la emoción sentida es la emoción sentido. Si tienes rabia, tienes rabia. Ser capaz de sentir esa rabia antes de entrar en el juicio, en la narrativa mental, hay un cambio muy grande.»
Pongamos un ejemplo. Sientes rabia porque alguien te ha tratado mal. La rabia es una energía, una tensión en el cuerpo, un calor en el pecho, una opresión en la mandíbula. Eso es la emoción sentida.
Pero casi inmediatamente, la mente empieza a tejer: «Es que siempre me hace lo mismo», «No tiene derecho a tratarme así», «Yo no merezco esto», «La próxima vez le voy a decir…». Eso es la historia mental, el relato, la narrativa.
El problema no es la rabia. La rabia es una emoción, pasa, fluye, se libera. El problema es cuando nos enganchamos al relato y le damos vueltas una y otra vez. Ese relato es el que genera los picos de tensión que se cronifican en el cuerpo.
Cómo se generan los picos de tensión
Cuando una emoción aparece y no la acogemos, no la sentimos plenamente, no la dejamos estar, se convierte en algo más.
«Esa información que es sentida y experimentada genera una dinámica en nuestro cuerpo, empieza a crear un patrón de tensión interno. Si no lo sentimos, si no lo acogemos, se convierte en una historia mental, en una emoción mental. Ya no es algo emocionante, ya no es algo sentido.»
Es decir, la emoción no liberada se cristaliza. Se convierte en un patrón, en una tensión crónica. Y entonces, cada vez que algo nos recuerda a esa situación original, la tensión se activa automáticamente, sin que sepamos muy bien por qué.
Este mismo mecanismo aparece en las fobias
Este proceso de tensión y relato también se manifiesta, de forma más compleja, en fenómenos como las fobias. A veces podemos encontrar explicaciones parciales: un evento concreto, una situación traumática. Pero también hay muchos casos donde no hay un origen claro, ningún evento que lo explique.
Ahí aparece la posibilidad de una dimensión ancestral o colectiva, información que viene del linaje o del campo social. No podemos presentar nada como seguro, no hay una teoría definitiva, pero sí podemos observar que hay patrones que trascienden la historia personal del individuo.
Cuando una criatura nace, ya nace con un condicionamiento. Lo facilita el linaje, las condiciones ambientales, la información. Estamos todos en esa fase de comunicación. El simple hecho de nacer ya está transfiriendo información.
El papel del acompañante (y el nuestro propio)
En el trabajo terapéutico, y también en nuestro propio proceso personal, se facilita algo muy concreto.
«Cuando acompañamos a alguien, estamos presentes con esa tensión que hay entre el poder sentir y el poder soltar. Cuando la persona, en ese espacio de acompañamiento, puede soltar esa tensión que está ahí, la información ya no necesita permanecer. Por lo tanto, la persona pierde la capacidad de entrar tan profundamente en la historia mental.»
No se trata de resolver la historia. No se trata de analizar por qué pasó lo que pasó, ni de buscar culpables, ni de elaborar complejas narrativas sobre nuestro pasado. Se trata de estar presentes para que la persona pueda liberar la tensión que la historia dejó en su cuerpo. Cuando esa tensión se libera, el relato pierde su poder. Sigue siendo un recuerdo, pero ya no duele, ya no nos atrapa, ya no nos define.
La práctica: sentir antes de narrar
¿Cómo se lleva esto a la práctica? La propuesta es sencilla en teoría, aunque requiere entrenamiento y paciencia.
«Como individuos, vamos a tener siempre ese flujo de emociones. Ser capaz de sentirlas, de experimentarlas antes de entrar en el flujo mental, ese es nuestro trabajo.»
Cuando aparece una emoción fuerte, el reto es:
- Hacer una pausa. No reaccionar inmediatamente, no soltar la primera respuesta, no empezar a narrar.
- Llevar la atención al cuerpo. ¿Dónde siento esta emoción? ¿En el pecho? ¿En el estómago? ¿En la garganta? ¿Qué cualidad tiene? ¿Calor, presión, opresión, vibración?
- Quedarse con la sensación. Respirar con ella, acogerla, permitir que esté ahí sin juzgarla, sin querer que se vaya, sin analizarla.
- Observar cómo se transforma. Las emociones, cuando se las deja estar, tienden a moverse, a cambiar, a disolverse. No son eternas.
Si hacemos esto, la emoción cumple su función, nos da su información, y sigue su camino. Si no lo hacemos, se convierte en relato y se instala en el cuerpo como tensión.
Conclusión: la libertad de sentir
Termino con una reflexión sobre la libertad. Porque a veces hablamos de libertad como si fuera la capacidad de obtener lo que deseamos, o de ser quienes queremos ser independientemente de las condiciones. Pero la libertad real es otra.
«No es la libertad de obtener lo que deseo, ni de ser lo que quiero ser independientemente de las condiciones. Es la libertad de decidir cómo me relaciono con mis condiciones. No puedo elegir las cartas que me han tocado, pero sí puedo elegir cómo jugarlas. Esa es la libertad real: la actitud con la que afronto lo que la vida me presenta.»
Y una parte fundamental de esa libertad es la capacidad de sentir. De sentir lo que hay, sin huir, sin engancharnos, sin convertir cada emoción en una novela de mil capítulos. Cuando podemos sentir, podemos soltar. Y cuando soltamos, recuperamos la ligereza, la claridad, la capacidad de responder a la vida desde la presencia, no desde la tensión acumulada.
La clave es simple, aunque no siempre fácil: menos novela, más sentir.
Una respuesta a “Emoción Sentida vs. Historia Mental”
genial i moltes gràcies com sempre! no sempre puc arribar a llegir totes les teves publicacions, però ni se si hi fa la pura coincidència, que al seleccionar a l’atzar qualsevol de les teves reflexions, normalment parles d’alguna cosa on m’hi he vist immers en un període de temps relativament curt. en quelcom que necessitava aclarar-me a mi mateix i que m’estava afectant i produïnt noves preocupacions. Una salutació molt efusiva!
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