17 Más allá de mí


És aquest instant,
som nosaltres
i les nostres diferències
el que fa que aquest món
sigui interessant de compartir.
Sempre amb curiositat.
Bones festes per a tothom.

El reconocimiento: Un punto de partida

Tanto en la quietud de la meditación como en el movimiento de la vida diaria, surge una comprensión fundamental: la separación que sentimos entre «yo» (quien experimenta) y «lo de fuera» (lo experimentado) es solo un velo. Esta indagación nos lleva más allá de las teorías filosóficas para aterrizar en una experiencia directa y no dual, donde las distinciones se disuelven en una única realidad. A través de la práctica, no solo observamos lo que ocurre, sino que miramos hacia el origen mismo de donde surge todo lo que somos y percibimos.

Todo está conectado

Antes de soltar la idea de separación, es útil entender cómo funciona. Nada en nuestra experiencia existe de forma aislada; todo es interdependiente. Imagina una red infinita: cada «objeto» —ya sea un pensamiento, una montaña o una emoción— es un nudo que solo existe gracias a los hilos que lo unen al todo. Nuestra percepción habitual crea un «yo» separado que se mueve por el mundo, pero la visión profunda nos muestra que esa red no es un conjunto de cosas sueltas, sino la expresión viva de una única conciencia desplegándose.​

Disolviendo la frontera entre sujeto y objeto

La práctica de la autoindagación nos invita a pausar el ruido mental para preguntarnos qué es lo verdaderamente real. Normalmente dividimos la realidad en dos: el objeto (lo que vemos, oímos o pensamos) y el sujeto (el «yo» que observa). Este mapa es útil para funcionar en el día a día, pero no es la realidad última. Ambas partes, el que mira y lo mirado, son construcciones que surgen en la mente.​

Una Clave Práctica: La separación entre quien percibe y lo percibido es ilusoria. Los llamados «objetos» no tienen vida propia independiente de ti; son la conciencia misma tomando forma. Como se suele decir en estas enseñanzas: «Todo lo que puedes percibir o imaginar no es más que el propio Ser manifestándose». Cuando intentamos atrapar al «sujeto» y convertirlo en una idea de «yo personal», creamos sufrimiento y sensación de aislamiento.

El verdadero Sujeto no se puede ver como se ve una taza o un pensamiento, porque es Eso que ve. En el nivel más profundo, no hay sujeto ni objeto, solo Conciencia Pura. El despertar ocurre cuando dejamos de jugar al juego de las separaciones y descansamos en esa unidad que siempre ha estado ahí, antes de cualquier concepto.​

La ilusión de la solidez

A veces sentimos que el mundo es algo sólido y ajeno a nosotros, pero esa solidez es una proyección. Incluso la ciencia nos dice que la materia es energía vibrando, pero la indagación no dual va más allá: esa vibración y la conciencia que la percibe no son dos cosas distintas. El «mundo» no es una ilusión en el sentido de que no exista, sino en el sentido de que no existe separado de ti. Tú y tu experiencia sois la misma realidad modulándose.

Vivir sin separación

Meditar no es solo calmarse o mirar cosas desde un palco VIP mental. Es el laboratorio donde disolvemos esa frontera imaginaria. Cuando surge un pensamiento o una sensación, pregúntate: ¿Dónde está realmente la línea que separa a «mí» de «esto»? Con la práctica, descubres que la atención no tiene dueño; es un espacio abierto donde todo, incluida la idea de «un meditador», aparece y desaparece. Meditar se convierte entonces en el reconocimiento de que nunca hubo un puente que cruzar, porque nunca estuviste separado.

Dedicación constante

La verdadera práctica es la dedicación a despertar de la creencia en la separación. Esto va más allá de sentarse en el cojín; es una pregunta viva a cada instante: ¿Existe realmente una frontera aquí y ahora?. Cada experiencia, sea agradable o difícil, deja de ser algo que te «pasa» a ti para revelarse como un movimiento más de la conciencia única. Al dejar de defender una posición separada, el conflicto se desvanece y descubres que la paz no es algo que consigues, sino lo que ya eres.



«La atención no tiene dueño; es un espacio abierto donde todo aparece y desaparece.»


Reconociendo el espacio consciente

El fondo y la figura

Antes de comenzar, es útil recordar una analogía sencilla: imagina una pantalla de cine. En ella se proyectan todo tipo de películas (dramas, comedias, paisajes tranquilos), pero la pantalla en sí misma nunca cambia, nunca se mancha y nunca rechaza ninguna escena. En esta práctica, los pensamientos y sensaciones son la película (la «figura» o el objeto), mientras que tú eres la pantalla (el «fondo» o el espacio). A menudo estamos tan fascinados con la película que olvidamos la pantalla que la hace posible. Hoy vamos a cambiar el foco para notar eso que siempre está ahí, sosteniendo la experiencia.

Y seguimos

Siéntate con la espalda erguida, adoptando una postura digna pero relajada. Puedes mantener los ojos cerrados o entreabiertos, con la mirada suave hacia abajo. Recuerda que la intención no es alcanzar ningún estado especial, sino observar con naturalidad lo que ya está presente aquí y ahora.

Fase 1: El objeto

Lleva tu atención a la sensación física de la respiración. Nota el aire al entrar y salir por las fosas nasales, o percibe el movimiento sutil del abdomen. No intentes controlar el ritmo; simplemente, sé consciente de él.​

Cuando notes que tu atención se desplaza hacia un pensamiento, un sonido o cualquier otra sensación, reconócelo con suavidad. Entiende que ese pensamiento o ese sonido es un objeto que ha aparecido en tu campo de conciencia. Observa su llegada, su permanencia y su partida, sin apegarte.

Fase 2: El fondo que permanece

Ahora, realiza un ligero giro en tu atención. Suelta el foco en los objetos (la respiración, los sonidos, los contenidos mentales) y simplemente nota el espacio en el que aparecen.

En lugar de mirar lo que surge, siente la presencia que acoge lo que surge.

  • No busques nada en particular.
  • Simplemente relájate hacia atrás, hacia ese «darse cuenta» silencioso que ya está presente antes de que aparezca cualquier pensamiento.

Limítate a descansar en esa cualidad de apertura, esa presencia consciente que actúa como el fondo inalterable de toda experiencia.

Fase 3: ¿Buscando la frontera?

Manteniendo esa apertura, elige un sonido lejano o una sensación en tu cuerpo.

En lugar de pensarlo, intenta encontrar físicamente el borde donde termina esa sensación y empieza tu consciencia de ella.

  • Intenta señalar exactamente dónde acaba el sonido y dónde empieza «el escuchar».
  • ¿Puedes encontrar una línea divisoria real entre la experiencia y tú?

Si no encuentras ninguna frontera sólida, no te esfuerces en imaginarla. Simplemente ríndete a la evidencia de que la percepción y lo percibido ocurren en el mismo lugar. Descansa en esa intimidad con la experiencia, sin bordes.​

Fase 4: Integración

Suelta cualquier pregunta o esfuerzo. Permanece tal como estás, sin intentar ser nada ni lograr nada. Deja que la respiración, los sonidos y los pensamientos sean exactamente como son. Reconoce que esta conciencia abierta que los contiene no es algo que «haces» ni algo que es «tuyo»; simplemente es lo que es.

Antes de moverte, lleva esta claridad a tu próxima acción. Nota la intención de moverte antes de hacerlo físico. Luego, abre los ojos y termina la práctica, conservando esa simple sensación de presencia.

Texto inspirado en la transcripción de una charla de Alfons Molina para «21 días de meditación».




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