Comenzamos la mañana entre saludos y risas que gradualmente dieron paso a algo más quieto. Y en ese espacio surgió la pregunta inevitable:
¿Qué es la presencia?
Curiosamente, cualquier respuesta que podamos dar será, al mismo tiempo, cierta e insuficiente. Aquí comienza la primera paradoja: usamos palabras para señalar lo que las trasciende.
La danza de las contradicciones
Algunos decían: “es estar en el momento presente”. Otros: “es el silencio detrás del pensamiento”. El mindfulness nos enseña a atender las sensaciones y, sin embargo —esta es la segunda paradoja—, en la autoindagación descubrimos que la presencia no es algo que hacemos, sino lo que somos cuando dejamos de hacer.
Intentar “estar presente” implica, inevitablemente, un esfuerzo: un “alguien” que intenta lograr un estado. Pero la verdadera presencia se revela cuando este esfuerzo se abandona. ¿Cómo resolver esta contradicción? No se resuelve. Se vive.
La mente: nuestro obstáculo y nuestro aliado
La mente genera pensamientos. Es su naturaleza. El problema no está en su funcionamiento, sino en nuestra identificación con su contenido. Aquí yace otra paradoja esencial: no podemos deshacernos de la mente usando la mente.
La autoindagación no destruye los pensamientos, sino que cambia nuestra relación con ellos. Al preguntar “¿Quién soy yo?” sin buscar respuestas conceptuales, creamos un espacio donde la pregunta misma se disuelve en silencio. Es una trampa sublime para la mente pensante.
El no-camino como camino
¿Cómo practicar lo que no se puede practicar? ¿Cómo buscar lo que ya somos?
Nos sentamos. Respiramos. Permitimos. No como técnicas, sino como gestos de rendición. La pregunta “¿Quién soy?” no es un mantra para repetir, sino un recordatorio de que cualquier respuesta conceptual será otra capa de velo.
A veces, en ese espacio, surge la sensación de que el “yo” se desvanece. Otras veces solo hay calma. O confusión. La clave está en no atribuir valor especial a ninguna experiencia: esta es, quizás, la paradoja más difícil de integrar.
Vivir desde el centro de la paradoja
La verdadera transformación ocurre cuando abandonamos la búsqueda de estados especiales y nos abrimos a lo que es, tal como es. Los conflictos cotidianos no desaparecen, pero dejan de tener el mismo poder sobre nosotros. Actuamos desde una quietud que no es pasividad, sino claridad fundamental.
Cada mañana, al sentarnos juntos, no buscamos alcanzar nada. Simplemente recordamos lo que nunca hemos dejado de ser. Capa tras capa, las confusiones se desprenden, no por nuestro esfuerzo, sino por el reconocimiento de que nunca fueron realidades sustanciales.
El silencio no es algo que creamos, sino algo que descubrimos que ya está aquí, sosteniendo incluso el ruido, la confusión y todas nuestras búsquedas aparentemente contradictorias.
«Siéntate, cierra los ojos y descubre qué sucede cuando dejas de intentar que algo suceda.»
Meditación
Presencia es el silencio que eres.
Detente. Suelta la lucha con tu mente.
Sus pensamientos son proyecciones.
No los sigas.
Pregunta: ¿Quién soy yo?
No busques respuesta.
Descansa en el no-saber.
Deja que todo esté como está.
La claridad nace de este permitir.
Texto inspirado en la transcripción de una charla de Alfons Molina para «21 días de meditación».