La presencia es el arte de respirar y observar sin juicios, dejando que el silencio florezca en medio del movimiento.
Hola, ¿qué tal?
Hoy quiero compartir algunas reflexiones sobre las emociones y la presencia, un tema que siempre está muy presente en nuestro proceso de indagación y meditación, pero que a veces puede parecer confuso o contradictorio.
En primer lugar, cuando hablamos de «estar en el aquí y ahora», podríamos estar incurriendo en una pequeña incoherencia sin darnos cuenta. ¿Por qué? Porque ese «aquí y ahora» no es un momento exacto ni un punto fijo. Siempre hay un espacio entre lo que sucede y el momento en que nos damos cuenta. Este «darse cuenta» es una herramienta muy poderosa para transformar nuestra experiencia, pero no es sinónimo del presente absoluto, ni es tampoco pasado o futuro.
La presencia es la percepción de lo que ocurre en nuestro cuerpo y mente de forma natural y sin esfuerzo. Es una conciencia que nos guía, sin la necesidad de forzar nada o de etiquetar. Se trata de liberar toda perspectiva, permitiendo que las experiencias se desarrollen por sí mismas, sin resistencia ni juicio. Y ello nos permite darnos cuenta de nuestra forma de actuar y de nuestras inercias.
Las emociones son una parte inherente y esencial de nuestra existencia. Su objetivo no es que las ignoremos o las eliminemos, sino que aprendamos a gestionarlas y vivirlas. La coherencia emocional —la alineación entre lo que sentimos, pensamos y hacemos— se rompe cuando nos desconectamos de nuestra realidad presente.
Esta desconexión se acentúa en el mundo actual, saturado de información y estímulos. A menudo, reaccionamos a noticias que nos hacen experimentar situaciones ajenas a nuestro entorno inmediato o a futuros hipotéticos. Este exceso de proyección mental genera una profunda incertidumbre y nos aleja del anclaje en el momento presente.
Entre todas las emociones, el miedo es muy importante. Es la emoción que subyace a muchas otras y cumple una función básica: protegernos y ayudarnos a actuar cuando hay un peligro real. El problema surge cuando ese miedo se convierte en una proyección que no se corresponde con lo que sucede realmente, generando un sufrimiento que nace de la ficción mental.
Muchas veces, nuestros problemas emocionales provienen de haber convertido esas historias en verdades absolutas. Por eso, estar atentos a lo que sucede en este momento es fundamental para tener claridad.
La vida no se puede controlar, y aunque nos gustaría, siempre nos sorprende con situaciones inesperadas, sean buenas o difíciles. Pero en nuestro interior siempre hay un lugar de calma y silencio. Ese lugar se abre cuando estando abiertos a la realidad del entorno, dejamos de luchar contra lo que sentimos y simplemente lo respiramos y observamos sin juicios.
Si mantenemos esa presencia, incluso en emociones fuertes, podemos encontrar esa calma en medio del movimiento, esa quietud que nos sostiene. No hay que confundir la calma y la quietud con un estado concreto de bienestar. Estos estados no provienen de una bonhomía ni de un ideal, sino que surgen de desprenderte de todo ello.
Así que os invito a practicar esta presencia relajada en vuestra vida diaria, a volver una y otra vez al cuerpo, a la sensación, a la experiencia inmediata, sin juicios ni resistencias. Ello nos conecta con la realidad profunda del momento y nos permite vivir en coherencia y respeto hacia nosotros mismos y hacia los demás.
Gracias por estar aquí y escuchar.
En el instante en que soltamos la lucha interior, emerge un espacio de silencio donde la vida se revela y las emociones se vuelven maestras.
Texto extraído de la transcripción de una charla de Alfons Molina
21 días de meditación
Una respuesta a “2 Aprendiendo a estar sin forzar el aquí y ahora”
Gràcies Alfons!
… Per una «perla» més.
Paquita
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