Abierto al no conocimiento


Cuando estás realmente quieto —
quieto quiere decir no saber nada —
este es realmente un estado bienaventurado.

Cuando el pensamiento empieza desde el pensamiento,
es una defensa,
es agresión.

Pero cuando un pensamiento empieza desde el silencio,
entonces yo diría que es una ofrenda.
Es agradecer.

Agradecer para estar permitido ser.

No tienes que tratar de estar abierto.
Eres abierto.

Cuando dices:
«Tengo que estar abierto,»
creas un estado.

Cuando dices:
«Voy a meditar,»
haces un estado.

Tú eres meditación.

Cuando entras en el estado de la llamada meditación o apertura,
eres como un asno en un establo.

Un objeto es significativo
solo cuando apunta a su origen,
la percepción.

Entonces es sagrado.
De lo contrario, es profano.

Solo un objeto puede sufrir,
pero tú no eres un objeto.

Tú conoces el sufrimiento,
tú eres el conocimiento del sufrimiento.

La comprensión intelectual
te lleva a la actitud correcta
para entender aquello que nunca se puede entender.

Evoca una actitud interior
que te ayuda a ver
que nunca puedes llegar
a la conciencia sin objeto
a través del proceso de pensamiento.

Podríamos decir que te lleva
a la impotencia del pensamiento.

El maestro no se refiere al «yo»,
a la psicología.

No tiene sentido enseñar
a nivel psicológico
sobre aquello que está más allá del «yo».

La conciencia está oculta
por la volición,
para permanecer en…

Solo puedes saber
aquello que no eres.

Lo que eres, nunca lo puedes saber,
porque no hay un conocedor de esto.

Es tu globalidad,
tu totalidad.

Antes de decir:
«No soy esto o aquello»,
tienes que explorar
qué es aquello que no eres.

En esta exploración,
ya te sientes libre
de aquello que exploras.

Tengo una pregustación,
una visión de la libertad.

Este momento,
cuando eres libre del reflejo
de ser alguien,
es la máxima oportunidad
para estar quieto.

Es la muerte de alguien,
de un ego,
cuando hay silencio.

Así que, si hay algo de qué ser consciente,
son estos momentos
cuando la mente está dejando de luchar.

Lo visto o sentido
es un despliegue de energía.

Relaja esta energía excéntrica,
y te lleva de vuelta
a ver, sentir, percibir.

Entonces, sé el ver;
esto es conciencia.

La carencia de cualquier objeto de conciencia
te lleva de vuelta
a la conciencia misma.

No hay dos,
solo hay uno.

Palabras de Jean Klein 
“invitación al silencio”


Abierto al Unknown: El Arte de Permitir el Silencio

Hay una calidad en el silencio que no se puede describir ni lograr. Es un espacio que ya es aquí, pero que la mente intenta contener, definir y conceptualizar. No se puede llegar al silencio a través del pensamiento, porque el mismo intento de comprenderlo ya es ruido.

Cuando estás realmente quieto —

quieto quiere decir no saber nada —
este es realmente un estado bienaventurado.

La quietud real no es una condición que se pueda fabricar. Cuando el pensamiento surge desde otro pensamiento, crea una estructura, una defensa, una forma de aferramiento a una identidad. Pero cuando nace desde el silencio, se convierte en una ofrenda.

Agradecer por estar permitido ser.

La apertura no es un objetivo. Eres abierto por naturaleza. Pero la mente crea una contradicción en querer forzar lo que ya es. Cuando decimos “tengo que estar abierto”, creamos un estado mental que bloquea la experiencia directa. Cuando decimos “voy a meditar”, fabricamos una práctica, una acción, cuando en realidad eres meditación.

Cuando entras en el estado de la llamada meditación o apertura,

eres como un asno en un establo.

Este intento de lograr algo es un juego de la mente, pero la verdadera naturaleza del ser es anterior a cualquier movimiento hacia la investigación.

La Percepción y el Objeto: El Espejo de la Conciencia

El objeto solo tiene significado cuando apunta a su origen, a la percepción misma. Si el objeto nos vuelve en su origen, es sagrado; si no, se convierte en una distracción, en una proyección de la mente.

Un objeto es significativo

solo cuando apunta a su origen,
la percepción.
Entonces es sagrado.
De lo contrario, es profano.

La búsqueda de significado en el mundo exterior no lleva a la verdad. Solo cuando se relaja la fijación en el objeto, la percepción se vuelve clara y directa.

La carencia de cualquier objeto de conciencia

te lleva de vuelta
a la conciencia misma.

Cuando la atención no se fija en ningún fenómeno, la conciencia se reconoce a sí misma. Esto es lo que muchas tradiciones denominan el estado natural: el silencio que no es creado por la mente, sino que ya está.

El Ego y la Ilusión del Autoconocimiento

Solo un objeto puede sufrir,

pero tú no eres un objeto.
Tú conoces el sufrimiento,
tú eres el conocimiento del sufrimiento.

La identificación con el ego crea la ilusión del sufrimiento. Pero el sufrimiento solo puede existir cuando se percibe desde un punto de vista limitado. Cuando la percepción se abre y se disuelve la identificación, lo que queda es la presencia pura.

La mente busca entender, quiere encontrar respuestas, pero el conocimiento no puede llevar a la verdad.

La comprensión intelectual

te lleva a la actitud correcta
para entender aquello que nunca se puede entender.

Es un camino que solo puede llevar a la rendición. En este punto, el pensamiento llega a su propia impotencia, y en esta impotencia, se abre el espacio de la realidad.

Este momento,

cuando eres libre del reflejo
de ser alguien,
es la máxima oportunidad
para estar quieto.

Esta es la muerte del ego. No es una pérdida, sino una liberación. Cuando el ego cae, lo que queda no es el vacío, sino el reconocimiento de lo que siempre ha estado aquí.

El Poder y la Trampa de la Fenomenología

En el camino de la percepción sutil, muchos desarrollan habilidades, sensibilidades y capacidades inusuales. Pero esto puede ser una trampa si se usa desde el poder y no desde la humildad.

Cuando se busca el poder para reafirmar una identidad, se crea un nuevo nivel de ego. Pero cuando se utiliza desde el corazón, desde la compasión, se convierte en una expresión natural de la conciencia.

Cuando un calmante hace su función,

ayuda mucho.
Pero no puedes estar siempre tomando calmantes.

La fenomenología puede ser una herramienta, pero no tiene que ser la meta. Cuando la percepción se utiliza como una herramienta para servir, se vuelve libre. Cuando se convierte en una fuente de validación personal, atrapa el individuo en una nueva forma de identidad.

La Psicología del Yo y la Ilusión del Crecimiento Personal

En el camino hacia el silencio, la psicología del yo juega un papel fundamental. Desde la niñez, construimos una identidad basada en experiencias, recuerdos y patrones de pensamiento. Esta identidad se convierte en un mecanismo de supervivencia, una manera de dar coherencia a la experiencia. Pero, que pasa cuando intentamos transcender esta estructura?

Solo puedes saber

aquello que no eres.

La psicología puede ayudar a ordenar el yo, a gestionar traumas, a entender como se forman las emociones y los patrones de conducta. Pero este proceso, por útil que sea, no conduce a la libertad real. El ego siempre buscará mejorarse en sí mismo, pero mientras haya un “yo” que quiere crecer, se perpetúa la misma ilusión.

El maestro no se refiere al “yo”,

a la psicología.
No tiene sentido enseñar
a nivel psicológico
acerca de aquello que está más allá del “yo”.

La psicología del yo es necesaria para funcionar en el mundo, pero cuando intentamos usarla para lograr el estado natural, nos quedamos atrapados en la mente. La mente quiere entender la conciencia, pero la conciencia no puede ser comprendida como un objeto.

Cuando se intenta transcender el ego desde la propia estructura del ego, se genera una paradoja. Es como intentar salir de un laberinto creando nuevos caminos dentro del mismo laberinto. La verdadera libertad surge al ver que no hay ningún laberinto.

La comprensión intelectual

te lleva a la actitud correcta
para entender aquello que nunca se puede entender.

La Aceptación de la Impotencia de la Mente

La mente cree que puede entender la realidad, pero cada intento de analizar la conciencia solo la fragmenta más. Es por eso que, en cierto punto, hay que llegar a la impotencia del pensamiento. Cuando se llega a este límite, la mente se para porque ve que no puede ir más allá.

Podríamos decir que te lleva

a la impotencia del pensamiento.

Este es el punto clave de la psicología del yo. No se trata de rechazar la mente, sino de ver sus límites. Cuando se ve que no hay nada a entender, lo que queda es la presencia pura, sin necesidad de ninguna explicación.

Este momento,

cuando eres libre del reflejo
de ser alguien,
es la máxima oportunidad
para estar quieto.

El Silencio Como Respuesta

Antes de decir:

“No soy esto o aquello,”
tienes que explorar
qué es aquello que no eres.

Este proceso de exploración lleva inevitablemente a ver que el ego no es nada más que una construcción. Y cuando esta construcción se afloja, se puede ver aquello que no se puede definir.

Lo viste o sentido

es un despliegue de energía.
Relaja esta energía excéntrica,
y te lleva de vuelta
a ver, sentir, percibir.

Esta es la verdadera libertad: no un estado de experiencia, sino el reconocimiento de la presencia sin ninguna forma definida.

No hay dos,

solo hay uno.

Conclusión: Permitir lo que Ya Es

Este texto no es una invitación a buscar nada. No es un llamamiento a mejorarse, a evolucionar o a encontrar respuestas. Es un simple recordatorio que no hay que hacer nada.

Cuando la mente es acogida, se calma y lo que queda es lo que siempre ha estado ahí:


El silencio, el espacio abierto de la realidad.

No hay que entender, no hay que analizar. Solo hay que ser. E incluso esto se disuelve cuando desaparece la última idea de ser alguien.
Abierto al Silencio: Más allá del Yo y la Investigación

En el camino del autoconocimiento, a menudo nos encontramos atrapados en la paradoja de querer entender lo que no se puede entender, de querer lograr lo que ya somos. Este artículo es una invitación a soltar esta lucha y abrirse a la quietud natural del ser.

El Silencio Como Puerta de Entrada

Hay una calidad en el silencio que no se puede describir ni lograr. Es un espacio que ya es aquí, pero que la mente intenta contener, definir y conceptualizar. No se puede llegar al silencio a través del pensamiento, porque el mismo intento de comprenderlo ya es ruido.

Cuando estás realmente quieto —

quieto quiere decir no saber nada —
este es realmente un estado bienaventurado.

La quietud real no es una condición que se pueda fabricar. Cuando el pensamiento surge desde otro pensamiento, crea una estructura, una defensa, una forma de aferramiento a una identidad. Pero cuando nace desde el silencio, se convierte en una ofrenda.

Agradecer por estar permitido ser.

No hay que luchar para estar abierto. No hay que forzar nada. Eres abierto. Pero cuando el pensamiento interviene y dice “tengo que estar abierto”, se crea una condición. Cuando la mente dice “voy a meditar”, convierte la meditación en un estado, en un objeto más de la mente. Pero la meditación no es un objeto, no es un estado: es lo que eres.

La Psicología del Yo y la Ilusión del Crecimiento Personal

En el camino hacia el silencio, la psicología del yo juega un papel fundamental. Desde la niñez, construimos una identidad basada en experiencias, recuerdos y patrones de pensamiento. Esta identidad se convierte en un mecanismo de supervivencia, una manera de dar coherencia a la experiencia. Pero, que pasa cuando intentamos transcender esta estructura?

Solo puedes saber

aquello que no eres.

La psicología puede ayudar a ordenar el yo, a gestionar traumas, a entender como se forman las emociones y los patrones de conducta. Pero este proceso, por útil que sea, no conduce a la libertad real. El ego siempre buscará mejorarse en sí mismo, pero mientras haya un “yo” que quiere crecer, se perpetúa la misma ilusión.

No podemos estar siempre buscando un orden mental,

porque no lo encontraremos nunca.

La verdadera libertad surge cuando se ve que no hay nada a mejorar, nada a arreglar. Cuando la necesidad de cambio se disuelve, lo que queda es la presencia pura, sin necesidad de ninguna explicación.

El Poder y la Fenomenología: El Engaño del Don

En el camino de la percepción sutil, muchos desarrollan habilidades especiales, una sensibilidad más allá de los sentidos convencionales. Pero este don puede ser una arma de doble corte.

Un gran poder comporta una gran responsabilidad.

Cuando se usa desde el corazón, acontece un canal de servicio. Pero cuando se utiliza desde el deseo de control, acontece una herramienta de manipulación.

Cuando tú utilizas tu don desde el corazón, debe hacerse con humildad,

con beneficio y sin.

La fenomenología puede ser una herramienta, pero no debe ser el objetivo. Cuando la percepción se utiliza como una herramienta para servir, se vuelve libre. Cuando se convierte en una fuente de validación personal, atrapa el individuo en una nueva forma de identidad.

Es muy fácil engancharse con estas historias y querer más, y más, y más.

La Auténtica Relación Con el otro: La Ilusión de “Salvar”

Uno de los grandes errores que cometemos en las relaciones es creer que podemos salvar los otros. Nos preocupamos por los que estimamos y creemos que nuestra intervención puede cambiar su situación, pero esta preocupación, en el fondo, esconde un mecanismo sutil de autoprotección.

Por mucho que te estime, no te puedo salvar.

Lo que realmente queremos no es salvar el otro, sino salvarnos a nosotros mismos de la preocupación que nos genera su sufrimiento. Esta es la trampa oculta del ego: mientras creemos que estamos ayudando, en realidad nos protegemos de nuestro propio malestar.

Hasta que no nos liberamos de la idea de separación del ego,
no nos preocuparemos realmente de los otros.
Esto también surge del silencio

Cuando se comprende esto, la relación con el otro cambia: ya no se trata de salvar nadie, sino de permitir que cada individuo viva su propio camino. Y nos acompañamos.

Conclusión: Permitir lo que Ya Es

Este texto no es una guía para conseguir un estado. No ofrece técnicas para lograr la paz. Es una invitación a dejar de luchar, a dejar de intentar fabricar experiencias y simplemente permitir que la realidad se manifieste tal como es.

Cuando la mente se acogida, se calma y lo que queda es lo que siempre hay estado:

el silencio,
el espacio abierto de la realidad.

No hay que entender, no hay que analizar. Solo hay que ser. E incluso esto se disuelve cuando desaparece la última idea de ser alguien.


Como Realizar la Meditación: Una Visión Más allá de las Técnicas

  1. La Meditación No Es Un Objeto Ni Un Estado

Uno de los puntos esenciales del texto es que la meditación no es una técnica, ni un estado a lograr. Cuando intentamos “hacer” meditación, convertimos este proceso en un objeto mental. En cambio, la visión que se propone es que ya somos meditación.

“Si decimos que tenemos que meditar, estamos convirtiendo la meditación en una cosa a lograr. Pero la meditación es simplemente ser, en cualquier momento, en cualquier circunstancia.” 

Por eso, la meditación no está limitada en un espacio o un momento concreto. Puede ocurrir en cualquier situación:
• Por la mañana tendrá una calidad diferente que después de comer.
• Meditar antes de ir a dormir no será igual que hacerlo después de ver una película.
• La meditación mientras se anda o se come también tiene características propias.

El punto central es la observación sin resistencia, independientemente del momento o de las condiciones.

  1. Las Técnicas de Meditación Son Solo Herramientas

Muchas prácticas meditativas tradicionales se centran en técnicas como la repetición de *mantras, la visualización de imágenes o el control de la respiración. Pero estas técnicas, a pesar de que pueden ser útiles, son solo herramientas temporales .

“Recitar un mantra, imaginar oleadas del mar o concentrarse en la respiración son estrategias porque la mente se enfoque. Pero si nos quedamos aquí, siempre estaremos luchando para mantener la atención.”

El riesgo de las técnicas es que pueden convertirse en una lucha para “conseguir” un estado concreto, reforzando el ego en vez de transcenderlo. El objetivo no es aferrarse a una herramienta, sino verla como un medio para la apertura.

  1. El Riesgo de Convertir la Meditación en una Práctica Mecánica

El texto señala que muchas personas pasan años meditando sin una transformación real. Esto es porque han aprendido a no reaccionar tanto, pero siguen sin comprender quién son. Esto pasa cuando la meditación se reduce a un simple ejercicio mental .

“Hay quién pasa 20 años meditando y continúa igual. Han aprendido a no reaccionar tanto, pero todavía no han entendido nada.”

La clave es que la meditación no tiene que ser un entrenamiento para controlar la mente, sino un espacio para verla tal como es, sin intentar cambiarla.

  1. La Meditación y la Observación Natural de la Mente

No hay que buscar conflictos para observar la mente. La idea que solo se puede comprender la propia mente cuando hay una lucha interna es un error.

“No necesitamos el conflicto para observar la mente. Simplemente paramos y observamos, tanto es lo que haya.” 

Esto significa que se puede meditar en cualquier estado:
• Si aparece somnolencia, simplemente se observa.
• Si hay agitación, también se puede observar sin necesidad de reprimirla.
• La meditación puede estar presente en un día de calma o en un momento de crisis.

  1. La Meditación No Es Crear Un Estado Artificial

Sentarse en silencio es beneficioso, pero solo si se hace sin intención de fabricar una experiencia determinada. Si se busca la tranquilidad como un objetivo, inevitablemente se crea una lucha interna .

“Si quieres conseguir un estado de calma, esto tarde o temprano chocará con la realidad y se convertirá en una lucha.”

En cambio, la verdadera práctica es aceptar lo que hay en cada momento sin intentar modificarlo.

El objetivo de la meditación según el texto original no es lograr un estado determinado, sino darse cuenta de lo que ya es. No se trata de fabricar una experiencia concreta de calma o de vacío, sino de permitir que la realidad se manifieste tal como es, sin lucha ni resistencia .

El texto destaca que:
• La meditación no es un estado, sino una expresión natural de lo que somos. Cuando intentamos meditar con un propósito, convertimos la meditación en un objeto mental y nos cerramos en una estructura.
• No se trata de controlar la mente, sino de observarla sin interferir. Intentar crear un estado de calma lleva inevitablemente a la frustración, porque tarde o temprano esta calma se rompe y se genera una lucha interna.
• La meditación es observar lo que hay, sea cual sea. No hay que estar en conflicto para entender la mente; se puede observar tanto en momentos de crisis como en instantes de paz.

En resumen, la meditación no es una técnica para modificar la realidad, sino un reconocimiento del silencio que ya está. Es dejar de luchar con lo que aparece y permitir que todo sea tal como es 

.

Conclusión: Ser la Meditación

La meditación no es una acción, no es un estado y no es una técnica. Es simplemente ser lo que ya somos, en cualquier momento y situación. No hay que luchar para silenciar la mente ni para controlarla. Cuando se permite que la mente sea cómo es, la verdadera meditación se manifiesta espontáneamente.

Este enfoque rompe con la visión convencional de la meditación como un ejercicio mental y abre la puerta a una comprensión más profunda y libre de toda técnica.

NOTA:
Este texto surge de la transcripción del encuentro de Circulo de Quietud en La Rovira Nova.


Descubre más desde ALFONS MOLINA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


Deja un comentario