Círculo de Quietud
Rovira Nova, 12 de octubre de 2024
Primera Parte
Buenos días a todos y bienvenidos. Espero que estén bien. Hoy, como es habitual, hablaremos sobre el silencio y la quietud. Para ello, será importante que prestemos atención y podamos resolver cualquier duda que surja. Prefiero que esta sesión sea interactiva, más que un monólogo.
Quiero empezar con un concepto esencial: aprender a no actuar. Esto no significa inactividad, sino comprender que el “no actuar” también es una forma de acción. Es algo que debemos practicar; no basta con tener una idea del silencio. Nuestro cerebro necesita experiencias repetidas para aprender y crear nuevos circuitos. Sin esta práctica, no hay aprendizaje real.
Todos cargamos con hábitos mentales que nos acompañan toda la vida, como el diálogo interno constante. A menudo confundimos meditación con silencio mental, pero es importante recordar que la mente, al igual que el corazón, no se detiene. Este diálogo mental es natural, aunque puede variar en intensidad.
El problema surge cuando ese diálogo se convierte en un monólogo excesivo de la mente consigo misma. Si esto ocurre, lo primero es reconocerlo. La meditación no consiste en detener este diálogo, sino en ser conscientes de él. Esta consciencia nos da la posibilidad de elegir si queremos seguir inmersos en esos pensamientos o no.
El silencio no es simplemente la ausencia de pensamientos; es el estado en que nos detenemos para ser plenamente conscientes de lo que nos rodea. No siempre será un lugar de calma o serenidad, y está bien. La calma no se fuerza; surge naturalmente. Practicar es clave para reconectar con nuestra naturaleza, que incluye momentos de pausa y quietud.
Cuando dejamos de buscar algo específico en el silencio, evitamos crear otra rutina mental que nos limite. El silencio no es un objetivo, sino un regreso a nuestra esencia. Todos tenemos la capacidad de calmarnos, aunque el camino para lograrlo varía: meditar, hacer deporte, o realizar cualquier actividad que nos conecte con nosotros mismos. No debemos añadir estructuras innecesarias; el silencio ya está en nosotros, esperando a que dejemos de forzarlo.
La meditación es un acto voluntario de autoobservación. Incluso en los momentos difíciles, cuando necesitamos calma, es esencial entender que la vida sigue. Tanto en la acción como en la meditación, todo refleja el movimiento natural del ser. Reconocer esto es parte del aprendizaje.
Haremos una pausa ahora. Más tarde, exploraremos cómo nuestras acciones se relacionan con el silencio y nuestra naturaleza. Gracias.
Resumen
Esta parte aborda la meditación y el silencio como prácticas conscientes. Explica que el silencio no es la ausencia de pensamientos, sino la conexión con el momento presente. La calma no se fuerza; surge naturalmente cuando aceptamos lo que es.
Segunda Parte
Nuria, parece que tienes una pregunta. ¿Podrías compartirla? Vamos a usar un micrófono para probar un nuevo sistema que transcribe y resume automáticamente nuestras conversaciones.
Mencionaste a UG Krishnamurti, y no a Jiddu. UG comparte una visión que resuena mucho conmigo: debemos adaptarnos a la vida tal como es y aceptar las circunstancias para evitar conflictos y encontrar libertad.
La pregunta iba sobre si debía mencionar una experiencia. Creo que, a veces, cuando no prestamos atención, parece que no profundizamos, pero el verdadero camino hacia el interior requiere soltarnos. Muchas de nuestras experiencias son construcciones mentales que influyen en nuestra percepción física y energética.
Las sensaciones y experiencias varían constantemente, pero si les damos demasiada importancia, la mente empieza a crear historias alrededor de ellas. La clave es observar sin identificarse. Cuando medito, noto muchas cosas, pero las observo sin aferrarme. Entiendo que son simplemente proyecciones mentales.
En la meditación no buscamos algo concreto; se trata de observar. Como un toro suelto que se calma cuando lo dejamos en paz, nuestra energía también encuentra su equilibrio natural con el tiempo. Es esencial reconocer el momento presente y aceptar quiénes somos en cada instante.
Al final, cuando nos acercamos al final de la vida, volvemos a nuestra esencia. Reconocer nuestra naturaleza nos libera de luchas innecesarias.
Resumen
Esta sección profundiza en la meditación y el autoconocimiento, influenciados por UG Krishnamurti. Resalta la importancia de aceptar la vida tal como es, observar sin identificarse con los pensamientos y conectar con el presente.
Tercera Parte
¿Alguien tiene preguntas? Después de comer, solemos estar más agitados o cansados, pero eso está bien. No buscamos un estado perfecto; simplemente nos aceptamos tal como somos. La capacidad de vivir en la incertidumbre y abrirnos a lo que vendrá nos permite disfrutar plenamente de la vida.
Es importante dejar atrás las memorias del pasado y no intentar controlar lo incierto. Las historias que nos cuenta la mente no nos ayudan. Saber lo que ocurre está bien, pero sin caer en la trampa de especular o analizar en exceso.
Aunque la filosofía y el conocimiento puedan ser interesantes, no nos conducen a nuestra verdadera naturaleza. La conexión con el cuerpo, sin analizar ni controlar las sensaciones, nos permite vivir en la realidad, más allá de las fantasías mentales.
Escuchar el cuerpo puede amplificar el malestar en un principio, pero si permanecemos con esas sensaciones, sin intentar que desaparezcan, aprendemos a habitar plenamente el momento presente. La mente busca escapar de estas sensaciones, pero el cuerpo nos conecta con lo esencial.
Resumen
Esta parte invita a soltar las historias mentales y vivir en el presente. La aceptación de la incertidumbre y la conexión con las sensaciones del cuerpo nos permiten vivir de forma auténtica, libres de las construcciones mentales.